Por Pablo Montanaro*

Repudiable por donde se lo analice ha sido el reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que le otorga el beneficio para acortar las penas a los responsables de los delitos de lesa humanidad ocurridos en el país durante la última dictadura militar. Una avanzada más, de las muchas que se han desplegado en estos últimos tiempos, más precisamente desde que comenzó el gobierno de Mauricio Macri, contra los derechos humanos y contra todos los avances que hubo en la materia, principalmente en lo que respecta al juzgamiento contra quienes detuvieron, torturaron, desaparecieron, asesinaron y apropiaron bebés. Recordemos una: en marzo, el Gobierno puso en cuestión las prisiones domiciliarias para los represores. Precisamente el secretario de Derechos Humanos de Nación, Claudio Avruj, dijo al diario La Nación que en realidad protestó porque los tribunales retaceaban el beneficio a los mayores de 70 años involucrados en delitos de lesa humanidad.

El gobierno de Cambiemos quiere cambiar la historia, apuntando una y otra vez que no hubo 30.000 desaparecidos y que los militares también fueron víctimas, reeditando la teoría maldita de los dos demonios.

Con la firma de los jueces Elena Highton de Nolasco, Carlos Rosenkrantz y Horacio Rosatti, tres de los cinco jueces que conforman la Corte Suprema, se declaró aplicable el beneficio del 2×1 para las penas de prisión por delitos de lesa humanidad, específicamente en el caso de Luis Muiña, un civil que formaba parte de los grupos de tareas que operaban en el centro clandestino que funcionaba en el Hospital Posadas. Muiña fue sentenciado en 2011 a 13 años de prisión por cinco casos de secuestros y torturas durante un operativo militar en el hospital en 1976.

La Ley 24.390, conocida como “del dos por uno”, se sancionó en 1994 y se derogó en 2001. Implicaba que cuando una persona estuviera presa más de dos años sin condena se le computaría doble cada día de prisión preventiva. Mientras esa ley estaba vigente, el represor Muiña no estaba detenido, ni podía estarlo porque en ese momento estaban vigentes las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Desde el gobierno nacional sólo salieron a señalar que la Corte es una Corte independiente, con jueces prestigiosos, que funciona sin ataduras al Ejecutivo.

Por estas horas, lo que preocupa es cuántos represores sin condena firme podrían recuperar la libertad y estar caminando entre nosotros en el corto plazo. Caminarán sin el peso de la ley sobre sus espaldas, pero sí con el repudio de una gran parte de la sociedad.

El miércoles pasado fue un oscuro día de justicia, parafraseando un título de un cuento de Rodolfo Walsh. “Basurean la memoria de nuestros hijos”, dijo indignada y con un profundo dolor Taty Almeida, integrante de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Desde los organismos de derechos humanos como también desde las víctimas y sus familiares siempre se cuestionó la demora en el inicio de los juicios a represores que de esta manera pasaban mucho tiempo en prisión preventiva.

Según un informe de la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad, sólo el 25% de los condenados tiene sentencia firme.

No caben dudas a esta altura de la historia argentina que los genocidas cometieron los peores delitos, apropiándose del aparato del Estado. Un Estado que también les sirvió para garantizarse en el escudo de la impunidad. Este es un fallo a la medida de la libertad de los genocidas.
Con este fallo -que puede ser comparado por sus consecuencias con los indultos otorgados durante el gobierno de Carlos Menem- se atacó el proceso de Memoria, Verdad y Justicia que comenzó en 2003 -confirmada por la misma Corte en 2005- y que logró. con numerosas dificultades. condenar a quienes cometieron los más aberrantes delitos contra el ser humano.

*Periodista. Autor, entre otros libros, de “Construcción de la memoria. Conversaciones sobre dictadura y genocidio”, publicado por Editorial Universidad Nacional del Comahue (Educo). Como periodista cubrió tres juicios contra represores desarrollados en Neuquén -2012, 2014 y 2015-.