Por Manuel Navarro – 

Cada día que pasa en la Argentina se modifica sustancialmente la realidad de miles de habitantes. La crisis parece no tener fondo, la devaluación se profundiza, los cierres de empresas y comercios continúan y la inflación para este año tiene un final abierto, que podría convertirse tranquilamente en una nueva híper.

Los gremios piden adelantar las paritarias porque ya, al día de hoy, tuvieron una pérdida promedio del 15% del poder adquisitivo en lo que va del año, a lo que además se le debe sumar lo que fueron dejando en el camino en los tres años anteriores. Pero la volatilidad es tal que les dirigentes, empresaries y sindicalistas están atravesados por una gran desorientación. “Está claro que los acuerdos paritarios ya quedaron obsoletos, pero no sabemos en qué va a terminar todo esto, por lo que no podemos acordar una nueva pauta salarial para el mediano plazo”, aseguró una referente sindical rionegrina en las últimas horas.

Es que cuando todos les analistas y “expertes” aseguraban que el dólar ya había encontrado su techo, pero dos días después resultó que ese ahora era su piso. Mientras tanto, el flamante ministro de Hacienda de la Nación, Hernán Lacunza, anunció un nuevo default y la renegociación de la deuda con el Fondo Monetario Internacional, lo que reavivó viejos fantasmas y el estallido social no se hizo esperar.

Pero lo peor todavía no llegó. La devaluación de los últimos días aún no trasladó a las góndolas de supermercados y al resto de los comercios. Se espera que los precios se vayan reacomodando al nuevo patrón en las próximas semanas, lo que según las previsiones llevaría a una escalada de del 20% en pocos días, dejando caer así a miles de familias a la pobreza.

Si bien la crisis golpea a todes, como siempre los más desfavorecidos son los que se llevan la peor parte. En primer lugar, las clases bajas, donde la inflación es mayor a la que se refleja en los diarios. Es que para elles el promedio es mucho más sencillo, ya que solo consumen productos de la canasta básica y algunos servicios, en el mejor de los casos. Pero además de la pérdida de poder de compra, el otro fantasma que afecta cada vez a más gente es el de los despidos. En el último año se perdieron 172.000 empleos registrados, según información del propio Ministerio de Trabajo y Producción. De ese total, 148.500 puestos correspondieron al sector privado.

Con este telón de fondo, a punto de explotar, el Gobierno hace malabares para llegar al 27 de octubre con la idea de ser competitivo electoralmente, algo que parece muy difícil. Desde el Frente de Todos, principal oposición y con chances serias de ser Gobierno a partir de diciembre, tratan de evitar que los arrojen al barro de la crisis, generada exclusivamente por la alianza gobernante. Mientras tanto, cada minuto que pasa, miles de argentinos se van cayendo del mapa.