Por Manuel Navarro –

En la última semana se multiplicaron los despidos masivos en diferentes empresas a lo largo y ancho del país, como así también el cierre de diferentes firmas de distintas ramas. En algunos casos, para evitar la toma de las fábricas, los predios fueron militarizados, recordando así las peores épocas de nuestro país.

Mientras tanto, el presidente Mauricio Macri sigue de gira en la recta final de la campaña de cara a las elecciones del domingo 27 de octubre. En ese marco, el mandatario nacional pasó esta última semana por la capital neuquina, donde recibió el respaldo de las dirigencias municipales salientes de Neuquén y Cipolletti, y de un puñado de entusiastas votantes.

El bono de 5 mil pesos que se acordó para el sector privado, las empresas están dispuestas a pagarlo, pero ahora lo quieren hacer en cuotas. Las principales dirigencias gremiales rechazaron esa postura, pero por el momento no quieren dar ningún paso en falso, por lo menos hasta las elecciones.

Así están la mayoría de les dirigentes por estas horas, esperando agazapados el resultado eleccionario para, después sí, comenzar a negociar con el Gobierno electo las pautas de acá en más.

Pero mientras la historia parece congelarse por unas semanas, la realidad es que les argentines siguen empobreciéndose con el pasar de las horas. Les jubilades, en ese sentido, son los que peor la están pasando. Su canasta básica es de 38 mil pesos por estos días, mientras que la jubilación mínima está ligeramente por debajo de los 13.000 pesos.

La destrucción del poder adquisitivo en estos cuatro años es alarmante y su recomposición no será sencilla, pero es algo por lo que se deberá luchar desde el sindicalismo de aquí en más. El gobierno, en una actitud desesperada, decidió en las últimas horas transferirle 3 mil millones de pesos a las obras sociales sindicales. Desde los gremios, por su parte, aseguran que son muchos miles de millones más los que se deben a las obras sociales y que, además, descreen de la medida en sí.

El golpazo de las PASO hizo recular al Gobierno de Macri e impulsaron algunas dádivas para la clase trabajadora, luego de que ésta le diera la espalda en las urnas. “No me votaron por el bolsillo, entonces le tiro algo para el bolsillo y me van a votar”. Esa fue la lógica, pero el poder adquisitivo se deterioró más a prisa aún desde el 11 de agosto, la ola de despidos se profundizó aún más y, consecuentemente, creció la cantidad de pobres en la Argentina de manera exponencial. Más allá de la gira del «Sí se puede», la realidad muestra a un Gobierno cada vez con menos apoyo popular y desorientado, al punto tal de adoptar medidas y realizar concesiones que siempre combatió.