Por Manuel Navarro –

El mundo está viviendo un intenso cambio de época en el que las mujeres van a la vanguardia, conquistando derechos, derribando privilegios del género masculino y desacralizando el orden prestablecido. En ese camino se multiplican los obstáculos y algunos de ellos se vuelven muy difíciles de sortear. Pero el proceso ya está en marcha y no se detendrá.

Sin embargo, en algunos ámbitos, la deconstrucción necesaria para que se dé ese avance se vuelve una tarea infructuosa y con una desigual correlación de fuerzas que puede llegar a generar desánimo. Este es el caso del sindicalismo, que si bien cuenta con destacadas dirigentas que ocupan cada vez más espacios de poder, la supremacía masculina es evidente, sobre todo en las cúpulas de las centrales obreras.

El último fin de semana, que fue largo, se desarrolló en La Plata el 34° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans y no Binaries y, en ese marco, se llevó a cabo un plenario organizado por la CTA de los Trabajadores, organizaciones de la economía popular y otros gremios.

Allí, dirigentas, delegadas y militantes expusieron sus realidades y si evidenció que en el sindicalismo el avance de las mujeres sigue siendo una cuota pendiente, a pesar de los logros alcanzados en los últimos años. Para ello basta con ver qué ocurre en la CGT y en ambas CTA y también en la gran mayoría de los gremios de base, con algunas pocas excepciones.

Actualmente rige el cupo de representación sindical, que establece un 30% como mínimo para las mujeres. Pero, en ese punto, están reclamando que se alcance la paridad, es decir, el 50%, para garantizar una mayor representación en las listas.

Pero además de la democracia interna, hay una real necesidad de que las mujeres ocupen puestos de poder y que se pongan al frente, entre otras cosas, de las negociaciones paritarias. Las fotos de estas reuniones en las que se deciden las escalas salariales de les trabajadores de todo el país, por lo general, son las mismas: un hombre representando a la patronal y a otro hombre como referente de los trabajadores.

No se trata de construir un sindicalismo a los codazos entre hombres y mujeres, sino codo a codo. La realidad de la clase obrera argentina es una y es momento de luchar en conjunto, de la mano y en igualdad. Que las cúpulas de las centrales y de los sindicatos sean manejados exclusivamente por hombres atenta contra esa premisa. Es necesario que el sindicalismo también se deconstruya y que las mujeres comiencen a ocupar los lugares que les corresponden en la representación de les trabajadores argentines.